Brujería

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Brujería es la denominación más común que se le ha otorgado a la Antigua Religión, que es el conjunto de creencias y rituales cuyos orígenes datan de las primeras sociedades organizadas. Según los conceptos más comunes y aceptados, la Brujería es una creencia de parámetros más o menos organizados, cuyos principales creencias y vínculos sociológicos e históricos están relacionados con la armonía Universal y la adoración a la Diosa Madre, representación de la naturaleza.

La brujería es un conjunto de prácticas que realizan personas que se autodenominan brujos y brujas, a las que se supone dotadas de poderes sobrenaturales y que ponen en práctica mediante ritos mágicos, generalmente para causar algún perjuicio. Se conoce también como magia negra o hechicería.

Historia

Tiene su origen en las primeras religiones animistas, surgidas en las Eras de Hierro y Bronce. Tales tendencias veneraban a la naturaleza como dadora de vida y al orden Natural, como una presencia femenina, denominada La Diosa. Tal divinidad, tenía en El Dios (posteriormente conocido como macho cabrío o en una acepción más contemporánea como el Dios Pan e identificado deliberadamente por la Iglesia católica como el diablo) su equilibrio o contraparte, formando así una yuxtaposición de ambas tendencias, a partir de la cual el mundo y todos sus valores tenían una coherencia absoluta.

Brujería y Wicca

Es común, confundir el término brujería o Antigua Religión con la acepción moderna wicca. Ambas tendencias se diferencian entre sí, por las corrientes de las cuales se han nutrido a través del tiempo, y por supuesto, su permanencia temporal. Mientras que la Brujería ha sido considerada una forma de religión primitiva que lentamente se transformó en un estilo de vida y que abarca innumerables tradiciones y se alimenta de variadas fuentes históricas y sociales, la "Wicca" no es más que una reconstrucción actual de rituales y modos de la llamada Magia celta. Su fundador, Gerard Gardner, (que en 1954 publicó su libro Witchcraft Today, que fue en cierta manera el precursor de todos los más modernas investigaciones sobre la magia ritual) formuló la teoría Wicca a partir de la mezcla de ritualismo celta, elementos italianos y antiguos rituales de brujería adaptados a un propósito común.

Es por tanto erróneo, considerar a la Brujería y a la Wicca conceptos análogos. Aunque es innegable su relación, debido a que comparten creencias, algunas festividades y concepciones básicas, no pueden ser tomadas como idénticas u originalmente compatibles. La brujería proviene de innumerables tendencias, además de proceder de una Tradición oral, vinculada básicamente a un tronco familiar o a un grupo en específico.

El investigador Brian P. Levak, en el trabajo "La caza de brujas en la Europa moderna", establece que cuando los europeos modernos (a partir del siglo XV) hablan de brujería, lo hacen en el sentido de magia en general, pero más frecuentemente en el de magia nociva. Sin embargo, la magia blanca, o magia natural, fue natural y de hecho, un sistema de valores étnicos y éticos vigentes durante siglos, en Países como Italia, España y Francia. La campaña de la Iglesia Católica romana contra la magia, ya rechazada en los tiempos bíblicos (referencias en la biblia judaica), se convirtió así en cruzada contra personas a las que se acusaba de pactos con el diablo. A las brujas se atribuyeron desde asesinatos y propagación de enfermedades, hasta la destrucción de cosechas mediante la incineración de sustancias encantadas o la impotencia de un recién casado, escondiendo en su cama una correa con nudos. A esas prácticas se las llamaba, en latín, maleficia (maleficios).

Las habladurías populares decían en Europa medieval y moderna que las brujas se reunían con el diablo en el sabat o aquelarre, asamblea a la que llegaban volando en escobas encantadas. En el sabat se realizaban misas negras (parodia de la misa católica) y frecuentemente había orgías sexuales. Tales aseveraciones tenían su origen en la máxima católica de considerar que "todo lo que no proviene de Dios, es satánico".

Las noches de brujas, que movilizaban supuestamente a todas hacia sus sitios de reunión en los montes, correspondían significativamente a las épocas del año en que, en el neolítico, se realizaban ritos de fertilidad, para lograr que la naturaleza no muriera en el invierno y concediera buenas cosechas en el verano. Las principales reuniones se celebraban el 31 de julio y el 1 de febrero. De este modo, la brujería permanecía subterráneamente ligada a las religiones panteístas germánica y celta.

Cacería de Brujas

La acusación de brujería era muy grave. Sirvió para culpar de herejía a muchos inocentes a fines de la Edad Media y comienzos de la Era Moderna. Miles de personas fueron conducidas ante tribunales civiles o eclesiásticos, y muchas de ellas fueron condenadas y ejecutadas, después que se las obligaba a confesar mediante torturas, y sin derecho a defensa. Los investigadores ofrecen números muy distintos de ejecutados a lo largo de los siglos XIII, XIV, XV, XVI y XVII. Las cifras oscilan entre 100.000 y medio millón.

La oposición de la Iglesia a la magia fue un lógico desarrollo de su prédica para extirpar el paganismo de las antiguas colonias romanas. Pero a partir de la creación del Tribunal de la Inquisición, en el siglo XIII, la oposición y el rechazo se convitieron en persecución y enjuiciamiento sistemáticos, en el marco de la lucha general contra las herejías y disidencias, y con el fin de unificar la ideología y la práctica del Catolicismo.

El instrumento más brutal destinado a dirigir la caza de brujas fue el Malleus Maleficarum, el conocido "Martillo de las brujas", escrito en 1486 por los monjes dominicos alemanes Heinrich Kraemer y Johann Sprenger. Este código indicaba cómo reconocer a las brujas (las manchas en la piel eran un signo, por ejemplo) y enseñaba contra ellas diversas formas de tortura. También instruía sobre cómo realizar interrogatorios intencionalmente confusos y contradictorios para desconcertar a las acusadas y lograr que finalmente se traicionaran y traicionaran a otras. Una paradoja del libro es su afirmación que las brujas existen, y negarlo es incurrir en falta y hacerse sospechoso de brujería.

Especialmente notable es la descarnada misoginia del "Martillo...", que se atenía al principio "la hembra es más amarga que la muerte" y sostenía la tendencia natural de la mujer al desenfreno sexual. Como el diablo es masculino, las mujeres no podían hacer otra cosa que sometérsele.

Una de las últimas cacerías de brujas tuvo lugar en Salem, Massachusetts, Estados Unidos, en 1692. Dieciocho personas fueron ahorcadas y dos murieron en prisión por acusaciones de brujería. Los procesos y ejecuciones de Salem fueron recreados por el dramaturgo Arthur Miller en una obra estrenada en 1953, cuando funcionaba una comisión que investigaba "actividades antiamericanas" (comunismo) en los Estados Unidos. Desde entonces, la expresión "caza de brujas" se aplica metafóricamente a cualquier persecución de tipo ideológico.


Con el nombre de brujos se identifica también en América a los médicos o chamanes de las tribus indígenas.