Ascética

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Se denomina ascética al conjunto de procedimientos y conductas que, en la religión cristiana católica o catolicismo, sirve a los monjes y monjas o a cualquier persona religiosa en general para limpiar su espíritu de pecado y acercarse a Dios con el deseo de este acceda a unirse con el alma de su sirviente (unión mística o éxtasis). Toda ascética es, pues, una escalera para acceder a la mística. En otras religiones existen técnicas parecidas, como en el Islamismo el sufismo) o en el Budismo la meditación para alcanzar el satori o nirvana, o en el Judaísmo la cábala.

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Ascética cristiana

El procedimiento para acercarse a Dios consta en general de dos vías: la purgativa y la iluminativa. Una tercera vía, la unitiva, no es en realidad tal, puesto que se da ya una vez realizada la unión mística.

Vía Purgativa

La vía purgativa consiste, como su propia denominación indica, en castigar el cuerpo para limpiarlo de pasiones materiales pecaminosas: amor a la comida (pecado capital de la gula), a la carne de mujer u hombre (pecado capital de la lujuria), amor al oro o las posesiones materiales (codicia), etc... hasta lograr que el espíritu quede absolutamente limpio y desprendido del "mundo material"; luego debe desprenderse también de pasiones espirituales que son su reflejo y son inspiradas por el demonio (como la ira, la pereza, la envidia, la soberbia). El espíritu debe fortalecerse entonces con las virtudes opuestas: frugalidad, castidad, paciencia, diligencia, generosidad, humildad... Debe fortalecerse con las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y con las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y rehuir a los enemigos del cristiano: mundo, demonio y carne. Para ello practica el autocastigo, mediante el ayuno y la martirización del cuerpo con flagelos, cilicios y otras diversas penitencias. Practica la soledad y el retiro voluntario a algún lugar desierto en contacto con la naturaleza, que es obra de Dios, y realiza una oración asidua y constante y lee libros piadosos.

Vía Iluminativa

La vía iluminativa comienza donde termina la anterior. El alma se halla ya limpia y en un desamparo y angustia interior inmensos, arrojada a lo que es por sí sola sin el contacto de Dios. El demonio tienta entonces y el alma debe soportar todo tipo de tentaciones y seguir la luz de la fe confiando en ella y sin engañarse mediante una continua introspección en busca de Dios. Pero ha de ser humilde, ya que si Dios no quiere, es imposible la unión mística, pues la decisión corresponde a él. El alma ha de dar lo que San Juan de la Cruz llamó un "ciego y oscuro salto", del que sólo la puede rescatar Dios mismo, si él quiere.

Vía Unitiva

La vía unitiva es el éxtasis místico: Dios se une a su criatura y le revela un conocimiento y un placer sin límites. Los creyentes creen que puede manifestarse con los llamados estigmas o llagas sagradas, las heridas que supuestamente sufrió Cristo en la cruz, con fenómenos de levitación del santo y bilocación o encontrarse en varios lugares al mismo tiempo.

Han habido distintas doctrinas ascéticas según la orden religiosa que la inspirara: una ascética franciscana, otra carmelitana, otra dominica, etc... Grandes ascéticos han sido Juan de Ávila, Fray Luis de Granada, Francisco de Osuna, Teresa de Cepeda y Ahumada, nombre en el mundo de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, menos conocido como Juan de Yepes, Pedro Malón de Chaide, etc...

Otras ascéticas

El Budismo, que es una religión que no cree en Dios, sino solamente en el dolor, alcanza un estado parecido al éxtasis que consiste en el absoluto vacío, satori o nirvana. Para ello realiza una deconstrucción de la realidad, del yo y de la lógica misma mediante una compleja técnica de meditación interior.

El Islamismo reconoce también un tipo de mística denominada sufismo.

El Judaísmo posee también una técnica denominada cábala que se inspira en la interpretación numérica de los textos sagrados. Para ello sigue la disciplina escrita en el Zohar.